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Realidades paralelas

1) X es una ciudadana española poseedora del título de Doctora (que no médico) que, por motivos laborales y personales, acaba buscando trabajo en EE.UU. Tiene una suerte inmensa y se le ofrece un trabajo muy atractivo haciendo lo que más le gusta en una institución de enseñanza superior. Para optar a dicho trabajo, se le requiere el título de Doctora que posee. En el momento de procesar el contrato, el Departamento de Recursos Humanos le pide que demuestre que tiene tanto este título como el de Licenciada. ¿Cómo hacerlo? Simplemente, necesita hacer sendas fotocopias de los diplomas originales, además de traducirlos al inglés ella misma, completando una declaración complementaria en la que da fe de que la traducción es fiel. Sin más, X realiza los pasos y todo está en orden para que pueda empezar su nuevo trabajo y su nueva carrera en EE.UU.


2) Y es un ciudadano estadounidense con un título de Máster y de Doctor Técnico. Por motivos laborales y personales, necesita homologarlo en España, incluso antes de poder siquiera buscar trabajo. El sistema español es diferente del estadounidense, y la especialidad que ha cursado sólo existe a nivel de Diplomatura, por lo que debe solicitar la homologación a tal especialidad. Dicho trámite sólo se puede realizar a través del Ministerio y requiere que Y presente copias compulsadas (con el sello de su universidad) de sus títulos junto con el expediente académico, es decir, con la lista de asignaturas y el número de horas cursadas en cada una. Además de la compulsa, se requiere que dichos títulos estén legalizados mediante la Apostilla de La Haya, lo cual se realiza a través de dos trámites legales, con un notario y una oficina de educación que expida dichos certificados. Por supuesto, los documentos que debe presentar están en inglés, y deben ser traducidos. Sin embargo, el Ministerio no permite traducciones personales, sino traducciones legalizadas, es decir, hechas por un traductor jurado o legalizadas en un Consulado de España, con sus correspondientes gastos extra. Finalmente, para completar la solicitud, se exige el pago de una tasa administrativa para su procesado.

Y realiza todos los trámites y envía la documentación. Desgraciadamente para él, al cabo de seis meses le llega una carta del Ministerio pidiéndole documentación adicional a la ya presentada. En este caso, copia compulsada (y legalizada con la Apostilla) del título que le hizo elegible para cursar el Máster y el Doctorado Técnico, es decir, el de Licenciado por su universidad (en EE.UU., las Licenciaturas son estudios generalistas; la especialización técnica se adquiere con los estudios de postgrado). Y vuelve a realizar los trámites necesarios y envía esta documentación adicional. Cree que lo siguiente que recibirá es la notificación de la resolución por parte del comité evaluador, pero sabe que llevará tiempo porque desde el Ministerio le comunican que dicho comité sólo se reúne una (dos, como mucho) vez por año.

Para su sorpresa, al cabo de más un año de iniciada la solicitud, recibe una nueva carta del Ministerio en la que se le exige aún más documentación adicional. Esta vez, se le notifica que se necesita el programario analítico (es decir, la lista de temas tratados) de cada una de las asignaturas cursadas en sus estudios de Máster y Doctorado Técnico, debidamente traducidos, sellados y legalizados. Y acabó estos estudios hace más de 5 años y, desde entonces, el programa académico correspondiente ha cambiado, por lo que es posible que conseguir algo así sea tarea casi imposible. Además, no puede evitar preguntarse porqué no le pidieron esta documentación en la primera carta de notificación al cabo de seis meses y qué información contiene el programario analítico que no contenga ya el nombre de la asignatura. Un año y un mes después, Y aún no sabe si algún día se le permitirá ejercer su profesión en España y está atrapado en una madeja burocrática.



Leyendo historias como ésta, le dan ganas a uno de hacerse anarquista y soltar, en tono sensacionalista: ¿para esto se pagan impuestos en España?

Una historia sin importancia

A pesar de llevar en Berkeley casi tres meses, Cristina y yo seguimos a la caza y captura de muebles buenos, bonitos y baratos para rellenar nuestro piso y dejar atrás la época de cajas durante un tiempo (supongo que hasta la próxima mudanza, quién sabe cuándo). Esta caza y captura de la gran ganga (nada que ver con la canción de Pedro Almodovar) nos lleva a menudo a una tienda perteneciente a una cadena nacional que se dedica a la venta de muebles de calidades variadas (muy buena, incluida) a precios muy baratos, aprovechándose de excesos de producción o de excesos comerciales de grandes almacenes.

Hoy hemos ido, una vez más, a dicha tienda a buscar algo que nos convenciera y, por suerte, hemos visto una librería-juego de estanterías por un precio fantástico. Nada imprescindible, pero sí una posible buena adquisición. Así que nos hemos lanzado a la piscina, y la hemos comprado. ¿Problema? El truco de esta cadena de tiendas es que no tienen servicio de entrega a domicilio y te lo tienes que llevar puesto. Nuestra fe mueve montañas y nos ha parecido que el mueble, a pesar de ser grande, nos cabría en el coche. Os podéis imaginar la decepción al ver que el espacio de la puerta era demasiado pequeño por muy poco. Por lo tanto, nos tocaba encaminarnos de vuelta a devolver la pieza. Una pena.

Y aquí entra en acción una señora anónima que nos ha visto haciendo maniobras para meter la librería en el coche. Al vernos en el apurillo, y a pesar de que estábamos a unos 25 km de nuestro piso y ella, según nos ha dicho, vive en la dirección opuesta, se ha lanzado a la piscina y se ha ofrecido gustosa a meter la pieza en su coche, de un tamaño mayor, y acompañarnos a casa por el sólo placer de hacernos un favor. Como leéis. No ha aceptado dinero a cambio; ni siquiera que la invitáramos a un café. Sólo nos ha pedido una cosa: "pass it on". Pasadlo. Ella considera que su amable acción queda de sobras compensada por la alegría que nos ha dado y sólo quiere que el espíritu sea transmitido por nuestra parte ayudando anónimamente a alguien que veamos que lo necesita. Simplemente. Puro altruismo. ¿Será que, después de todo, existe el buen samaritano?

"¿Por qué se llama Golden Gate si es rojo?"

Enaniya, como siempre, haciendo aportaciones interesantes. La respuesta, en la pagina web del propio Puente de Golden Gate. Traduzco directamente:

El término Golden Gate se refiere al Estrecho de Golden Gate, que da entrada a la Bahía de San Francisco desde el Océano Pacífico. El estrecho mide tres millas de largo y una milla de ancho con corrientes de entre 4.5 y 7.5 nudos. Al parecer, el nombre de "Chrysopylae" o Golden Gate se debe al Capitán de la Armada John C. Fremont, alrededor 1846.

El Puente de Golden Gate siempre ha sido pintado de color naranja bermellón, conocido como "Naranja Internacional". El arquitecto consultor Irving Morrow seleccionó este distintivo color naranja, por encima del negro carbón o el gris acero, porque está en mejor armonía con el entorno natural, ya que es un color cálido como las masas de tierra que le rodean, y que contrasta con los colores frescos del cielo y el mar. También produce una mayor visibilidad para los barcos que pasan por el estrecho. Si la Marina de EE.UU. se hubiera salido con la suya, el Puente se hubiera puntado negro con rayas amarillas para asegurar una aun mayor visibilidad para los barcos.


Enaniya, ¿contesta esto tu pregunta?

Otras realidades

Muy de lejos tan agradables como la nuestra, por mucho que estemos en proceso de "fuerte ralentización" o "frenazo", pero no "crisis":

El siguiente paciente es un pequeño de un año que encontramos en brazos de su madre. Lo ingresaron hace cuatro días y parece que no responde al tratamiento. Pesa cuatro kilos. Veo como María abre la manta para auscultar al pequeño y me sorprendo de su extrema delgadez. Me comenta María que es muy difícil diagnosticar a estos pequeños, pues su cuerpo es ya tan débil que no tiene fuerza ni para mostrar los síntomas de la enfermedad que sufren. Me estremezco al pensar en que mi hija Marta pesaba casi cuatro kilos al nacer, prácticamente lo mismo que este pequeño, un año después.

[...]

María continúa con la ronda y yo me quedo un poco más observando al bebé en brazos de su madre. Me acerco, lo acaricio, le sonrío pero no reacciona.

[...]

Finalizamos la ronda y volvemos a casa. De camino de vuelta María me explica que el pequeño está muy mal, que ve difícil que pueda superar esta noche. La noticia me devuelve, como una bofetada, a la realidad. "¿Se va a morir?". Me quedo sin habla. "No creo que supere la noche". Supongo que la diferencia es que ya no se trata de una estadística, de una fotografía o de una imagen en televisión. Se trata del pequeño que estaba acariciando hace apenas unos minutos.

[...]

A la mañana siguiente, María me confirma que el pequeño no ha superado la noche, falleció a las 4 de la madrugada. Parece imposible. En pleno siglo XXI, el pequeño karamojong, como miles de niños cada día, murió. Murió de hambre.


La historia completa, "Diarios de Karamoja (2): morir de hambre", en Uganda, en primera persona.

Una bonita historia

Cortesía de Pere Estupinyà, en Apuntes Científicos desde el MIT, con reflexión final:

Un lobo estaba pasando por malos momentos. No había comido en bastante tiempo, hacía frío, humedad… entonces se cruzó con un perro gordito, satisfecho, y la mar de feliz. Empezaron a hablar. El lobo le preguntó cómo era que le iba tan bien, y el perro de explicó que su amo le alimentaba cada día, le llevaba al veterinario, le daba cobijo... "es una vida muy confortable, deberías encontrar un amo que te cuide!", recomendó el perro. "Oye, pues sí parece buena idea. Lo voy a hacer.", contestó el deteriorado lobo... Pero entonces, vio algo alrededor del cuello del perro y le preguntó: "¿Qué es esto?". "Es mi collar, donde mi amo engancha la cadena y me dirige por donde quiere. Forma parte del trato". El lobo no dudó ni un instante: "Quédate con tu amo. Mi espíritu es libre. No quiero saber nada más". Y se marchó.

¿Os sentís más perros o lobos?
Un apunte antes de contestar: Dough Smith explicaba orgulloso que la esperanza de vida de un lobo en Yellowstone es muy alta: 4 años. Uno de cada 5 lobos no supera el durísimo invierno en Montana, o las encarnizadas luchas entre grupos. Pero sí, son libres.


Así pues, ¿vida fácil o vida libre?

Una bonita historia

La he encontrado en "el café de Ocata", de Gregorio Luri, y me pareció tan sabia que no me puedo resistir a compartirla:

Cuenta Herodoto que cuando el gran rey Creso de Lidia recibió al ateniense Solón como huésped, lo primero que hizo fue enseñarle sus inmensos tesoros, que superaban todo lo imaginable. Después le preguntó si a lo largo de sus viajes había tenido la ocasión de encontrarse con un hombre más feliz que él.

“Sí –contestó Solón sin dudarlo- Telo de Atenas, que vivió en una ciudad afortunada, tuvo hijos sobresalientes, y vio crecer a todos sus nietos antes de morir”.

Creso se admiró del poco valor que Solón concedía a sus riquezas.

“El hombre, Creso –continuó Solón- está sujeto al azar. No hay dos días en su vida que sean completamente iguales. Así que para saber si un hombre es feliz tenemos que considerar toda su vida, en conjunto. Antes de la muerte, nadie merece el título de feliz.”

Creso no comprendió el sentido de estas palabras hasta mucho después, cuando derrotado por el rey de Persia fue condenado a morir en una hoguera. Y al comprenderlas, en lo alto de la pira, rompió a llorar.

[Compartida bajo licencia Creative Commons]