Al final, el momento de la decisión llegó hace un par de meses.
He compartido aquí el conocimiento de los procesos de búsqueda de trabajo tanto en
España como
EE.UU. que he adquirido, primordialmente, porque, por suerte,
tuve éxito. Un
grandísimo contacto que quedó abierto (
Topo, ¿remata esto
tu pregunta?) al dejar mi querido país me sirvió para recibir una oferta de trabajo interesantísima del
Instituto de Investigación en Energías Renovables, perteneciente a la
Universidad de Castilla y La Mancha. Cuando todo parecía que se dirigía a una
opción única y sin posibilidad de elección, la paliza de enviar candidaturas por medio país
también dio su fruto aquí, en EE.UU., en forma de una oferta para incorporarme al
Lawrence Berkeley National Laboratory, al lado de
San Francisco (¿a qué ahora atáis cabos sobre qué me llevó allí en enero?).
Ambas ofertas eran impresionantes. Ambas implicaban un camino
definido (cosa rara en España, como ya dije anteriormente) hacia la estabilidad. Ambas me ofrecían la posibilidad de trabajar con un grupo humano experto, aunque en el LBNL la masa crítica fuera mayor. Incluso a nivel de equipos disponibles, el IER no queda todo lo atrás que se podría esperar, aunque, claro está, sigue estando por debajo, ya que competir con uno de los mejores centros de investigación de EE.UU. no es ninguna tontería. Pero, claro, Albacete está a 5 h de
casita...
Al final, lo que acabó decidiendo fue un poco de todo. Quizás el empujón final nos lo dio nuestra
querida burocracia española, en forma de plazo de entre
8 meses y un año y medio (sobre esto tendría que hablar algún día) para que Cristina pudiera recibir una resolución al respecto de la
convalidación de su título universitario, puesto que no entraba en nuestros planes retrasar más las cosas. Eso, unido a un salario
astronómico (para no dar demasiados detalles, os diré que un salario de contratado Ramón y Cajal
palicedece a su lado, incluso teniendo en cuenta la diferencia de coste de vida), a unas condiciones de
cobertura sanitaria impresionantes (cosa clave en este país), a la perspectiva de trabajar al lado de científicos líder en el campo de las baterías de litio, a la posibilidad de vivir muy cerquita de una gran y bella ciudad como San Francisco, y, sobre todo, al hecho de que nos da la oportunidad, a Cristina y a mí, de
seguir adelante con nuestra bonita historia, decantó la balanza
a favor del Lawrence Berkeley National Lab. Me incorporo el próximo
mes de septiembre y es un trabajo con vocación de continuidad a medio-largo plazo. Nada de dos años y a tener que buscar otra cosa. Y mucho de, por ahora,
ver la vida en España muy lejos. Y es que, por desgracia, todo no puede ser.
Por tanto, siguiente movimiento, de Long Island a la Bay Area. Pero, antes, muchas cosas excitantes tienen que pasar y alguna que otra historia con menos rollo aquí tendré que dejar.